La pregunta fundamental: ¿Quién soy?
- Margarita González

- 1 ene 2020
- 2 Min. de lectura
La vivencia humana es el tema de más profundidad para la ciencia. El hombre conociendo, se conoce a sí mismo; indudablemente si abordamos el estudio de cualquier objeto como ser cognoscente nos regresará al tema prioritario sobre nosotros mismos como ser cognoscente.
Conocemos en la categorización de las ciencias como Antropología al abordaje de conocer al hombre en su medio como un ser biológico. Sin embargo esta cuestión no agota el tema humano, ¿Qué es el hombre y cuál es su puesto en el cosmos?, es para mi la pregunta más fascinante, podremos encontrar aproximaciones a su respuesta desde varios autores, aunque estas respuestas no nos dejarán del todo resuelto el tema; en el ejercicio de consumir respuestas lo más probable es que no nos encontremos con nosotros mismos.
Veamos pues una guía para adentrarnos en esta tarea titánica. Martin Buber nos muestra en su texto ¿Qué es el hombre? un lineamiento intrínseco a esta pregunta. Primeramente, para embarcarnos en esta aventura haremos de involucrarnos con todo nuestro ser en ella. Nos advierte de lo infructuoso que sería cuestionarnos sobre el hombre como si el hombre fuera un objeto de conocimiento externo y extraño. Todo aquel que se cuestione sobre el hombre tendrá como principal tarea reconocerse a sí mismo como ser subjetivo, vivo y protagonista de la búsqueda del hombre.
Esto será un primer y aterrador paso. Durante la historia humana se han generado un sin fin de conocimientos sobre el hombre, se ha teorizado sobre el hombre, y luego hemos vuelto estos conocimientos en herramientas de sujeción. Hemos usado el conocimiento acerca del hombre como especie biológica para crecer como sociedad, aunque en el camino ha resultado en una sociedad favorece el conocimiento ultraespecializado en detrimento del autoconocimiento.
Ante esto, como reacción y prevención Martin Buber nos aclara que si hemos de adentrarnos en el estudio del hombre, será únicamente a través del estudio de nosotros mismos, con todo nuestro ser. No podremos dejar fuera, anular o negar nuestra propia subjetividad, salvo el riesgo de desencarnarnos en el camino. Y entonces, el conocimiento alcanzado, si es que lo hubiese, sería de nuevo puesto al servicio de lo externo.
¿Cómo acceder entonces a tal travesía?, primeramente dice Buber, habremos de dejar fuera todo seguridad filosófica previa, para así prevenir de contaminación el encuentro de nuestra esencia. Será una exposición encarnada, viva y palpitante el ir al redescubrimiento de qué es el hombre, asumido ya como una tarea de: ¿Quién soy?. Para desentrañar la experiencia humana en la totalidad de su ser, el antropólogo se sumergirá con todo su ser, sin dejar fuera un dedo.
Si el peligro de sujetarnos al conocimiento explicativo y predictivo de las ciencias contemporáneas desemboca en un ser descarnado, entonces el peligro de adentrarnos en el propio ser será vivirnos en tal encarnación de manera total.
Estamos ante la oportunidad pues de calzarnos la propia piel en aras de conocernos y experimentar una existencia libre, auténtica, novedosa y placentera, en comunión y armonía con nuestros coetáneos.

Psi Margarita González.
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