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El tiempo en el cuerpo

Durante los últimos años de acompañamiento psicoterapéutico en lo individual y lo grupal, he observado que uno de los grandes medios para abordar las problemáticas humanas es el revisar los paradigmas del tiempo en el cuerpo.

Cuando, de manera inconsciente, "me pliego" al tiempo del otro, pliego también mi cuerpo.

El gran peligro de someter al humano en un tiempo medido seguramente ya lo has experimentado. Las tensiones y conflictos interpersonales develan los modos de intentar conciliar las diferencias del tiempo particular de un individuo con el tiempo del otro o con el tiempo de la globalidad.


Stanley Kelleman en su libro La Realidad Somática menciona "Muchos de nosotros experimentamos tensión o distensión porque no hacemos las cosas en nuestro propio tiempo". Y esta tensión se vive en el cuerpo como síntomas.


Cuando, de manera inconsciente y contrario a mis intereses auténticos, "me pliego" al tiempo del otro, pliego también mi cuerpo. Plegarse en este contexto implican movimientos de tejido liso y estriado en tensión; la tensión aparece en la base de adoptar ritmos y medidas ajenos que se contraponen a nuestro interés auténtico, con esto quiero decir que tenemos planes, proyectos y objetivos en los cuales podríamos vivirnos plenos y alcanzar de manera más armoniosa (sí, es posible); los cuales, sin embargo limitamos o negamos para vivir bajo los ritmos (planes, proyectos y objetivos) del otro.





Pienso que estamos en la actualidad frente a una especie de "revolución" en cuanto a regresar a conocer nuestros propios tiempos, la revelación es frente al tiempo global ya todos los niveles. Uno de los más evidentes es la renovación de los tiempos de parir en las madres gestantes; cuántos años y cuántas madres se vieron anuladas en su ritmo para gestar y parir en detrimento de los ritmos y posiciones que convenían más al personal médico que a la madre, a la globalidad más que al neonato. Tremendo. Y esto ya tiene su nombre, cualquier práctica que pase por alto a la madre gestante es sin duda violencia obstétrica.



Siguiendo el ritmo anterior vamos a comenzar a descubrir que cada vez que cedemos en nuestro ritmo de manera irreflexiva, por adoptar ritmos ajenos en medio de una situación con cierto nivel de indefensión, entonces estamos hablando de igual manera de violencia.


Desde el infante que se le obliga a comer o no comer según el ritmo del adulto, a "controlar" sus esfínteres según la conveniencia del adulto hasta el acelerar un proceso de duelo y en todas esas pequeñas vivencias infantiles donde no se toma en cuenta el proceso fisiológico y psicológico particular de cada infante se va formando un modo de vida: Vivir bajo el ritmo de otros.


Cuando comenzamos por observar en qué situaciones vivimos en la agenda de alguien más, se van revelando también cuáles son nuestros ritmos. Cuando reaprendemos sobre nuestros ritmos, aprendemos también que los demás tienen ritmos propios. En medida en la que comprendemos sobre los ritmos ajenos podremos reaprender las maneras de conciliar los unos y los otros, y estaremos en la posibilidad de generar relaciones en armonía y mutuo compromiso.


Y tú ¿Conoces tu tiempo?, ¿Conoces tus ritmos?


Yo te escucho.

Psi Margarita González.

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